Coliseo Romano
Recuerdo la primera vez que me paré frente al Coliseo como si fuera ayer. Era una mañana clara de octubre, el cielo romano tenía ese azul suave que parece sacado de un fresco renacentista, y el aire olía a café recién hecho y pan caliente de las panetterie cercanas. Caminaba desde la Via dei Fori Imperiali, y de pronto, al doblar una esquina… ahí estaba: una herida abierta en el tiempo.
Qué es el Coliseo Romano y por qué debes visitarlo

Conocido también como el anfiteatro Flavio, el Coliseo Romano es uno de los monumentos más emblemáticos del mundo y un imprescindible de cualquier viaje a Roma. Fue inaugurado en el año 80 d.C. y podía albergar más de 50.000 espectadores. Gladiadores, fieras y espectáculos de toda índole se celebraban aquí, convirtiéndolo en el centro del entretenimiento del Imperio Romano.
No te exagero si te digo que se me erizó la piel. No por la majestuosidad en sí —aunque su tamaño impresiona— sino por lo que sentí: un silencio denso, como si las piedras aún guardaran el eco de los rugidos, las ovaciones, los lamentos.
Cómo llegar al Coliseo Romano
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Llegar es muy fácil. La estación de metro Colosseo (línea B) te deja justo enfrente. Si prefieres ir caminando desde el centro histórico, puedes hacerlo desde la Piazza Venezia bajando por la Via dei Fori Imperiali, una de las caminatas más escénicas de Roma.
Y si quieres comenzar con una experiencia guiada inolvidable, puedes reservar este free tour por Roma imprescindible para ambientarte antes de la visita.
Horarios y entradas para el Coliseo Romano
El Coliseo abre todos los días (excepto Navidad y Año Nuevo). El horario varía según la estación, pero generalmente está abierto desde las 9:00 hasta una hora antes del atardecer.
Tipos de entradas:
- Entrada básica: Coliseo, Foro Romano y Palatino.
- Entrada con acceso a la arena: ideal para pisar el mismo suelo que los gladiadores.
- Entrada con acceso al subteráneo y parte alta: una experiencia más completa.
- Entrada sin colas: alt- Entrada sin colas: alt\u00amente recomendable.
Puedes reservar visitas guiadas con acceso prioritario en la web oficial o mediante tours en español como este tour nocturno por Roma, que te permite ver el Coliseo iluminado, una experiencia única.
El Coliseo por dentro: susurros de piedra

Dentro, todo cambia. El anfiteatro no grita, susurra. Me imaginé a los gladiadores, a los condenados, a los emperadores mirando desde sus tribunas, y sentí una mezcla rara de admiración y escalofrío. Pensé en lo mucho que hemos cambiado… y en lo poco también.
Explorar el interior es fascinante: los niveles de gradas, las galerías, los pasadizos. Si puedes, accede a la arena central. Pisarla es transportarte 2.000 años atrás.
Consejos prácticos para tu visita al Coliseo
- Mejor hora para visitar: a primera hora de la mañana o al final de la tarde.
- Evita fines de semana si puedes.
- Lleva agua, especialmente en verano.
- Reserva con antelación, especialmente en temporada alta.
- Lleva calzado cómodo, el suelo es irregular.
- Complementa la experiencia con este free tour por los alrededores del Vaticano y conecta mejor con la historia romana.
El Coliseo y la historia: más allá del mito

Más de 400 años estuvo en uso. Tras la caída del Imperio fue cantera, refugio, iglesia, ruina. Cada fase de su vida habla de una Roma distinta. Pero siempre resistió.
Tuve un momento especial sentado en una grada de piedra, solo, dejando que el sol me calentara la espalda. Un guía italiano pasó con un grupo y dijo algo que me quedó grabado: "Questo non è solo un monumento. È uno specchio della nostra umanità." ("Esto no es solo un monumento. Es un espejo de nuestra humanidad.") Y sí, lo entendí perfectamente.
Curiosidades del Coliseo que no sabías
- El nombre "Coliseo" viene de una colosal estatua de Nerón que estaba cerca.
- Se usaba un sistema de poleas para subir animales desde los subteráneos.
- Llegó a ser inundado para batallas navales ficticias.
- Tiene más de 80 accesos numerados, como un estadio moderno.
- Es Patrimonio de la Humanidad desde 1980.
El Coliseo no me pareció solo una ruina gloriosa. Me pareció un teatro eterno de las contradicciones humanas: belleza y brutalidad, arte y sangre, gloria y olvido.
Si alguna vez vas a Roma, no te limites a mirarlo: escúchalo. Hay lugares que hablan, pero el Coliseo… el Coliseo te mira.
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