Salamanca se compra en tres sitios y poco más: dos calles, un mercado y un puñado de joyerías. El centro histórico es pequeño y se recorre entero andando, así que no hace falta plan: se baja de la Plaza Mayor y ya está todo.


Las calles comerciales


La calle Toro es la principal. Sale de la Plaza Mayor hacia el norte y concentra las cadenas y las tiendas grandes. Es la calle por la que pasa todo el mundo.


La Rúa Mayor baja de la Plaza Mayor hacia la Catedral y es la otra arteria. Aquí hay más souvenirs, más joyerías y más pastelerías: es la que interesa si vienes a llevarte algo de Salamanca y no una camiseta de cualquier sitio.


La calle Compañía y la calle Libreros, junto a la Universidad, son las de las librerías y el material universitario. Si te gustan los libros de viejo, es tu zona.


Entre las tres no hay ni diez minutos andando. El comercio de Salamanca abre de lunes a sábado, con el parón del mediodía todavía muy presente: muchas tiendas pequeñas cierran de 14:00 a 17:00.


El Mercado Central


Está en la plaza del Mercado, pegado a la Plaza Mayor, y merece la visita aunque no compres nada. El edificio es de Joaquín de Vargas Aguirre, se construyó entre 1899 y 1909 y se inauguró el 15 de abril de 1909: arquitectura de hierro, con columnas de fundición, vigas de celosía y galerías acristaladas, en la línea de los mercados modernistas de la época.


Dentro está lo que buscas si quieres llevarte comida de verdad: carnicerías, charcuterías con el ibérico de la provincia, pescado, verdura de la zona y legumbres a granel. Es mercado de abastos de los de siempre, no un mercado gourmet reconvertido, y eso se nota en los precios.


El consejo: ve por la mañana temprano, que es cuando está vivo, y pide que te envasen al vacío lo que vayas a meter en la maleta.

Qué llevarse de comer


Jamón ibérico de Guijuelo. Es la compra de Salamanca por encima de cualquier otra. Guijuelo es un pueblo de la provincia y su denominación de origen ampara jamones y paletas de bellota e ibéricos de cebo de campo. Fue la primera denominación de origen de ibérico reconocida del mundo: provisional en diciembre de 1983 y definitiva en junio de 1986. Se reconoce por las vetas de grasa infiltrada en el magro y por un sabor suave y ligeramente dulce.


Comprar con el sello de la DOP es lo que separa un jamón de Guijuelo de un jamón vendido en Guijuelo. Pídelo loncheado y envasado al vacío si viajas en avión.


Lentejas de La Armuña. Tienen indicación geográfica protegida y se cultivan en la comarca de La Armuña, al norte de la provincia. Son de color verde claro, con algunas jaspeadas, de entre 5 y 7 milímetros. Lo que las hace distintas es que aguantan enteras al cocer y tienen el hollejo muy fino, así que no se deshacen y dejan el caldo limpio. El consejo regulador señala además que llegan a tener hasta un 50 % más de calcio que otras variedades.


Pesan poco, no se rompen y cuestan cuatro euros: es el mejor recuerdo comestible que te puedes llevar.


Embutido de la provincia. Chorizo, lomo y salchichón ibéricos, de la misma zona que el jamón.


Los dulces. En cualquier pastelería del centro encontrarás chuchos salmantinos (canutillos de hojaldre rellenos de crema), bollo maimón (un bizcocho en forma de rosca, el de las bodas y los bautizos), perrunillas y amarguillos de almendra. Y si viajas en Semana Santa, el hornazo, que es una empanada de lomo, chorizo y huevo y es casi religión local.


Vino de la Sierra de Salamanca, con denominación propia, hecho sobre todo con la uva rufete. Es poco conocido fuera de la provincia y por eso mismo es un buen regalo.

La joyería charra y el botón charro


Esto es lo que no vas a encontrar en ninguna otra ciudad. El botón charro es una joya del folclore tradicional de la provincia de Salamanca: una pieza redonda y aplanada, siempre con el mismo grabado en la cara frontal, hecha normalmente en plata, aunque las versiones más valiosas son de oro.


Su origen se discute. Hay quien lo hace venir de un disco solar celta o celtíbero y quien lo relaciona con los ornamentos que usaban determinados cargos romanos para unir piezas de vestir. Lo que está documentado es que desde el siglo XVII se usa de forma habitual en los trajes charros, y que desde entonces se convirtió en elemento distintivo del sentir salmantino.


Hoy se vende en pulseras, pendientes, gemelos y colgantes, en las joyerías del centro, sobre todo en la Rúa Mayor y alrededores. Hay desde piezas de filigrana artesanal, caras y hechas a mano, hasta versiones sencillas muy asequibles. Si quieres el bueno, pregunta si es de plata de ley y si está hecho en la provincia.


Libros, y la rana


Salamanca es ciudad universitaria desde 1218, y eso se nota en las librerías. En las calles Libreros y Compañía, junto a las Escuelas Mayores, hay librerías de viejo y de lance donde se pueden encontrar ediciones que no están en ningún otro sitio.


Y luego está la rana. La rana de la fachada de la Universidad es el símbolo oficioso de la ciudad —la leyenda dice que quien la encuentra sin ayuda aprobará el curso— y está reproducida en todo lo imaginable: llaveros, camisetas, imanes, cerámica. Es el souvenir de Salamanca, para bien y para mal.


Consejos prácticos


Horarios. De lunes a sábado, con cierre al mediodía en el comercio pequeño. Los domingos abre poco, salvo en campaña de Navidad.

El jamón, al vacío. Si vuelas, pide el envasado al vacío en la propia charcutería: es gratis y te ahorra problemas.

Compra en el centro, no en la carretera. Las tiendas de la Rúa Mayor y el Mercado Central tienen mejor producto y mejor precio que las paradas de carretera camino de Guijuelo.

Pregunta por el sello. Tanto en el jamón (DOP Guijuelo) como en las lentejas (IGP La Armuña), el sello es lo que garantiza que es lo que dice ser.

Experiencias en Salamanca