El Vaticano
Visitar el Vaticano es mucho más que ver arte o hacer turismo en Roma. Es entrar en el país más pequeño del mundo, un lugar sagrado donde se entrelazan la historia, la religión, el arte y la emoción más profunda. Desde que crucé sus fronteras, sentí que todo allí está diseñado para tocar algo que va más allá de lo visible.
A continuación, te guío por todo lo que necesitas saber para aprovechar tu visita al máximo: qué ver, cuándo ir, consejos prácticos y más.
¿Dónde está el Vaticano y qué es?
Aunque suene increíble, el Vaticano es un país independiente dentro de Roma. Oficialmente llamado Ciudad del Vaticano, es el centro espiritual de la Iglesia católica y sede del Papa.
- Si te preguntas dónde es el Vaticano, está ubicado en la orilla oeste del río Tíber, y se accede fácilmente a pie desde el centro de Roma o mediante transporte público.
Este microestado no solo tiene su propio gobierno, moneda y ejército (la Guardia Suiza), sino que guarda algunos de los tesoros más importantes del mundo.
Plaza de San Pedro
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Recuerdo haber llegado temprano, con el frescor de la mañana y la Plaza de San Pedro aún medio vacía. Caminar por esa explanada, con las columnas de Bernini abrazándome como si fueran brazos de mármol, me dio una sensación de pequeñez y pertenencia a la vez.
La Plaza de San Pedro es el punto de entrada más imponente al Vaticano. Diseñada por Gian Lorenzo Bernini, su forma elíptica representa el abrazo de la Iglesia a los fieles. Desde aquí podrás contemplar:
- La columnata monumental
- El obelisco egipcio central
- La fachada de la Basílica de San Pedro
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Historia y origen de la Plaza de San Pedro
La Plaza de San Pedro es uno de los espacios urbanos más simbólicos del mundo cristiano y el gran atrio que precede a la Basílica de San Pedro. Su configuración actual se debe al siglo XVII, cuando el papa Alejandro VII encargó a Gian Lorenzo Bernini la creación de una plaza capaz de acoger a los miles de fieles que acudían al Vaticano.
Concebida como un lugar de encuentro, celebración y acogida, la plaza debía transmitir el poder espiritual de la Iglesia y, al mismo tiempo, ofrecer una sensación de apertura y protección. Desde entonces, este espacio ha sido escenario de acontecimientos históricos, ceremonias papales y encuentros multitudinarios que han marcado la historia contemporánea.
Arquitectura, arte y elementos más destacados
La Plaza de San Pedro es una obra maestra del urbanismo barroco. Su gran columnata elíptica, formada por cuatro filas de columnas toscanas, envuelve al visitante en lo que Bernini definió como “los brazos de la Iglesia”, creando una sensación de abrazo monumental.
En el centro se alza el obelisco egipcio, traído a Roma en época imperial y convertido en eje simbólico del conjunto, flanqueado por dos fuentes que equilibran visualmente el espacio. Cada elemento está calculado para guiar la mirada hacia la fachada de la basílica, logrando una armonía perfecta entre arquitectura, escultura y espacio abierto.
Qué ver durante la visita y cómo recorrerla
Recorrer la Plaza de San Pedro es una experiencia que cambia según el momento del día. Caminar bajo la columnata permite apreciar la repetición rítmica de las columnas y descubrir juegos visuales sorprendentes, como el punto exacto desde el que las filas se alinean perfectamente.
Atravesar la plaza hacia el centro ofrece una perspectiva cada vez más imponente de la basílica, mientras que detenerse junto al obelisco permite comprender la escala real del conjunto. Es un espacio pensado para ser vivido en movimiento, donde cada paso revela una nueva relación entre luz, arquitectura y multitud.
Curiosidades y consejos prácticos para el visitante
Desde ciertos puntos marcados en el suelo, la columnata parece formada por una sola fila de columnas, un efecto óptico intencionado de Bernini. Para disfrutar la plaza con mayor calma, lo ideal es visitarla temprano por la mañana o al anochecer, cuando el silencio y la iluminación realzan su carácter solemne.
Más allá de su función ceremonial, la Plaza de San Pedro es un lugar para detenerse y observar, un espacio donde el Vaticano se abre al mundo y donde la arquitectura logra transmitir, sin palabras, una poderosa sensación de acogida y trascendencia.
