Qué ver en Dublín en 4 días

Día 1 en Dublín: Primer sorbo de historia y Guinness


Llegar a Dublín es como abrir la primera página de un libro de historias que no sabías que necesitabas leer. En cuanto pises la ciudad, te recibirá el viento del Mar de Irlanda, fresco y directo, como un susurro que te invita a despertar: “despierta, que aquí hay historias por contar”.


Llegada a la ciudad y alojamiento


7549_saint_stephen’s_green_(2).webp (800×600)


Lo ideal es buscar un alojamiento céntrico que te permita moverte caminando. Una excelente opción es alojarte cerca de St. Stephen’s Green, una zona con encanto, bien conectada y con muchos cafés y restaurantes.


Una vez instalados, nada mejor que salir a descubrir sin mapa, dejar que la ciudad te lleve. Dublín es perfecta para caminarla y perderse. Sin darte cuenta, acabarás en Temple Bar, y aunque sea turístico, tiene algo magnético.


Temple Bar: ambiente irlandés puro


7349_temple_bar_(3).webp (800×600)


Visitar Temple Bar en tu primer día es casi obligatorio. Las calles empedradas, los pubs llenos de música tradicional en directo, y ese olor inconfundible a Guinness recién tirada te sumergen de inmediato en el alma dublinesa.


Tal como lo viví en mi primer viaje:


Acabé, inevitablemente, en el Temple Bar. Sí, es turístico, pero ¿cómo resistirse al sonido del violín en vivo, al olor a cerveza negra y a ese bullicio alegre que parece no apagarse nunca?


Aquí es el momento perfecto para tu primera pinta de Guinness, pero no de cualquier forma, sino siguiendo el ritual:


1218_fabrica-guinness-paseando-por-europa-02.webp (900×600)


Me la sirvió una mujer con el acento más cerrado que haya escuchado en la vida, y aún así logré entender que debía esperar exactamente 119,5 segundos para que reposara antes de beberla. Ritual sagrado.


TIP: Para una experiencia auténtica y guiada por locales, puedes unirte al Tour nocturno por Temple Bar, donde descubrirás la historia y leyendas de la zona mientras visitas algunos de los pubs más emblemáticos.


Actividades recomendadas para el primer día


  • Recorrido relajado por Temple Bar
  • Cena en pub tradicional: prueba el Irish Stew o el Fish & Chips
  • Paseo nocturno por el centro histórico
  • Si tienes tiempo, únete al Free Tour de Dublín Imprescindible (ideal si llegas por la mañana)


Consejo final para el día 1


Tómalo con calma. Dublín no es una ciudad que se visite con prisas. Se escucha, se saborea, se siente. Este primer día es solo el inicio del viaje, y la ciudad ya empieza a susurrarte sus poemas entre pinta y pinta.

Día 2 en Dublín: De libros y cementerios


Tras la bienvenida vibrante del primer día, el segundo invita a un recorrido más introspectivo. Dublín tiene una esencia literaria, histórica y profundamente simbólica que se revela mejor cuando uno baja el ritmo y deja que las historias antiguas le hablen al oído.


Trinity College y el Libro de Kells



Empieza el día en uno de los lugares más mágicos de toda Irlanda: el Trinity College. Fundado en 1592, es la universidad más antigua del país y guarda uno de los mayores tesoros culturales: el Libro de Kells, un manuscrito iluminado creado por monjes celtas en el año 800.


La mañana siguiente fue para el alma: Trinity College y su biblioteca. Ver el Libro de Kells es conmovedor, pero caminar por la Long Room, con esos estantes infinitos de madera oscura, fue como entrar en la mente de Borges.


La Long Room es un lugar que impone silencio y respeto. Sus estanterías infinitas, el olor a papel antiguo y la luz filtrada por las ventanas te hacen sentir dentro de un cuento.


Recomendación: Reserva tu entrada con antelación para evitar colas, o considera un tour privado por Dublín en español que incluya la visita guiada al Trinity College.


Cementerio de Glasnevin: donde descansan los héroes



Después del recorrido literario, es momento de adentrarse en la historia profunda del país. El Cementerio de Glasnevin no es un sitio lúgubre, sino un espacio lleno de memoria y resistencia.


Después, un paseo hasta el cementerio de Glasnevin, donde descansan los héroes de Irlanda. Un guía con una pasión desbordante me habló de rebeldes, poetas y mártires, mientras las lápidas parecían susurrar historias bajo la lluvia.


Este cementerio alberga a figuras clave de la historia irlandesa como Michael Collins, Daniel O’Connell o Éamon de Valera. El recorrido guiado es muy recomendable, ya que los guías narran las vidas y muertes de estos personajes con una intensidad que emociona.


Consejo: Complementa la visita con un Free Tour de Leyendas y Misterios de Dublín, ideal para entrar aún más en ese lado oscuro y legendario de la ciudad.


Dónde comer cerca


Para almorzar, puedes buscar un pub cercano como John Kavanagh (The Gravediggers), junto al cementerio. Auténtico, local y sin pretensiones, es uno de esos sitios que parecen no haber cambiado en décadas.


Tarde y noche tranquila


Después de un día cargado de emociones y reflexión, puedes volver al centro para cenar en la zona de South William Street o incluso volver a Temple Bar si te quedaste con ganas de más ambiente.


Consejo final para el día 2


Dublín también es una ciudad que se honra en el recuerdo. Escucha sus libros, sus tumbas y sus canciones. Hoy ha sido un día de silencios que hablan y memorias que siguen vivas.

Día 3 en Dublín: Verde, muy verde


Después de dos días de historia, cultura y buena cerveza, el tercer día en Dublín te regala aire puro, calma y paisajes verdes. Es el momento perfecto para conectar con ese lado natural y relajado de la ciudad que a veces pasa desapercibido.


Phoenix Park: el pulmón de Dublín



Empieza el día en el inmenso Phoenix Park, uno de los parques urbanos más grandes de Europa. Puedes alquilar una bici o simplemente caminar sin rumbo. En cualquier rincón puedes encontrar desde la Residencia Presidencial hasta manadas de ciervos salvajes que se mueven libremente.


El Phoenix Park me atrapó más de lo que esperaba. No solo por su inmensidad, sino por los ciervos que se dejan ver entre los árboles. Me senté en el césped, bajo un cielo cambiante, a comer un bocadillo y a observar a los dublineses correr, leer, reír… Sentí una paz que no esperaba encontrar tan cerca del centro.


Este momento de pausa es vital para entender otra cara de Dublín: la de una ciudad que sabe respirar, que tiene sus propios tiempos y silencios.


Consejo: Si viajas en diciembre, puedes completar este día con el Free Tour de Navidad en Dublín, ideal para descubrir la ciudad con ambiente navideño y luces mágicas.


Otras visitas para la tarde


Si aún tienes energía, te recomiendo una de estas opciones:


  • Dublin Zoo, dentro del mismo Phoenix Park
  • El Museo de Arte Moderno (IMMA), con entrada gratuita y jardines tranquilos
  • Visitar el Canal Grand y dar un paseo relajado



Dublin Zoo



Museo de Arte Moderno (IMMA)





Canal Grand


Noche de música tradicional


La jornada perfecta en Dublín debe cerrarse con música, y el lugar perfecto es The Cobblestone, un pub auténtico en el barrio de Smithfield, donde la música no es un espectáculo para turistas, sino parte del alma del local.


Esa noche, volví al centro para una sesión de música tradicional en un pub menos conocido —The Cobblestone— donde un anciano tocaba el bodhrán como si contara cuentos con cada golpe.


Aquí no hay decorado: solo músicos, cerveza, historias que se cantan y una atmósfera que no se olvida.

TIP: Ve temprano si quieres sitio, ya que es popular entre los locales y no se puede reservar.


Consejo final para el día 3


Este día se trata de equilibrio: entre el bullicio y la calma, entre la ciudad y la naturaleza, entre la historia y la vida cotidiana. Es uno de esos días que no hacen ruido, pero que quedan grabados.

Día 4 en Dublín: Jameson, libertad y despedida


El último día en Dublín es para saborear lo que queda, tanto literal como emocionalmente. Es momento de entender más a fondo el carácter irlandés: su espíritu rebelde, su talento destilado y su forma única de despedirse con música y melancolía.


Visita a la Destilería Jameson



Inicia el día en la Old Jameson Distillery, una visita imprescindible para conocer los secretos del whisky irlandés. La experiencia es interactiva, divertida y, por supuesto, incluye una degustación guiada.


Último día: Destilería Jameson para entender el whisky irlandés (y catarlo, claro).


La visita no solo enseña el proceso de elaboración, sino que también te permite diferenciar entre el whisky irlandés, escocés y americano. Una experiencia para el paladar y la memoria.


Consejo: Puedes incluir esta parada dentro de un viaje a medida por Dublín, perfecto si buscas flexibilidad y atención personalizada.


Kilmainham Gaol: historia que estremece


7203_carcel_de_kilmainham.webp (800×600)


Muy cerca de Jameson está uno de los lugares más impactantes de la ciudad: la antigua cárcel de Kilmainham, hoy convertida en museo. Aquí estuvieron encarcelados y fueron ejecutados los líderes del levantamiento de Pascua de 1916, un punto de inflexión en la lucha por la independencia irlandesa.


Luego, la Kilmainham Gaol, una cárcel reconvertida en museo, que me dejó un nudo en la garganta. Las historias de los líderes de la independencia me hicieron ver otra cara de la ciudad: su lucha, su dolor, su orgullo.


Es una visita que remueve, que te conecta con la raíz profunda del orgullo irlandés. Imprescindible.

TIP: Reserva con antelación, ya que tiene aforo muy limitado.


Grafton Street y despedida


7518_grafton_street_(2).webp (800×600)


Para despedirte de Dublín, pasea por Grafton Street, una de las calles más animadas del centro. Los músicos callejeros (buskers) ofrecen pequeños conciertos improvisados que llenan de alma cada rincón.


Antes de irme, pasé por Grafton Street. Un músico tocaba “The Parting Glass”. Me quedé parado, con la maleta en la mano y el alma hecha un ovillo. Irlanda sabe cómo decir adiós: con música, melancolía y una sonrisa triste.


Y es que eso es Dublín: una ciudad que no se despide, simplemente te deja con ganas de volver.


Dónde comer el último día


  • The Woollen Mills o The Winding Stair: cocina irlandesa moderna con vistas al río Liffey.
  • O bien, una última comida sencilla en un pub de toda la vida, con pinta incluida.


Consejo final para el día 4


Dublín no es una ciudad para ver, es una ciudad para sentir. Cuatro días bastan para enamorarse, pero no para olvidarla. Ve con los oídos abiertos, el paladar curioso y el corazón dispuesto. Y que no te falte una buena pinta para brindar por los poetas, los músicos y los locos que la habitan.

Experiencias en Dublín