Llegar a Atenas en Avión
Aterrizar en Atenas es como abrir una puerta al tiempo. Desde la ventanilla, el azul del Egeo se mezcla con el blanco polvoriento de la ciudad, y cuando las ruedas del avión tocan tierra, el aire parece más antiguo, más denso de historias. El calor te envuelve nada más salir, huele a verano eterno y a promesa de aventuras, y el murmullo del aeropuerto ya suena a otro ritmo, más lento, más mediterráneo.
Llegar en avión es el primer acto del viaje: un descenso suave hacia una ciudad caótica y hermosa, donde lo clásico y lo cotidiano conviven sin pedir permiso. Antes incluso de recoger la maleta, Atenas ya te ha ganado—con su luz dorada, su cielo abierto y esa sensación inconfundible de estar a punto de pisar un lugar que no se visita, se vive.
